jueves, 9 de marzo de 2017

Una noche especial I


Durante una semana estuvo preparando el ambiente en su casa, porque ese día sería distinto, lo habian decido mientras tomaban una cerveza a la luz de la luna. Justo una semana.

  Puso velas verdes en el baño, azules en el dormitorio, blancas en la cocina y rojas, muy rojas en la sala... compró barritas de incienso y las colocó estratégicamente, su aroma se percibiría al cruzar la puerta de la entrada.

  Habían salido a comprar cosas especiales, dulces, frutas, bebidas, y varias cosillas que vistas en una cesta normal, resultarían extrañas, un pañuelo de seda azul, un bote de mermelada de fresa, unas medias grises, guantes de látex, y un bote de vaselina liquida. Una gran superficie daba para mucho.

  Tenian un pacto en el cual se comprometían a llegar al máximo, solo pararían si uno de los dos no podía más... iban a dejarse llevar por la ternura, el amor, el deseo, la pasión y sobre todo iba a enseñarle que su forma de entender una relacion no era tan extraña.

   Aquella experiencia podría cambiarles el futuro, y ella estaba dispuesta a sorprenderle con toda la procacidad posible, intentaría volverlo loco de placer, hacerle sentir morir en uno de sus orgasmos...

  Llegaron a casa en silencio, solo se miraban cómplices, como dos niños que han programado una travesura, sus risas eran nerviosas. Comenzaron a poner la mesa, con todo lo que habían comprado para cenar. Al caer la noche, abrieron las ventanas, y comenzaron con las velas, primero las de la cocina, una a una, el prendia la cerilla de madera larga y se la pasaba a ella para que encendiera el pabilo de cada una, las ultimas fueron las rojas del salón. El silencio, la musica de Bach y las varitas de incienso que se consumían lentamente hacian, como en un ritual místico, que los movimientos de ambos fuesen casi a cámara lenta.

  Sobre la silla del dormitorio las medias grises, un liguero y el pañuelo de seda azul, esperaban. Se vistió solamente con una blusa transparente y una minúscula falda que dejaba ver el liguero (se puso unas minusculas braguitas ). Sus zapatos eran de un tacón tan puntiagudo y alto que podrían compararse con finísimas agujas de hacer punto.

  El se puso un pantalón de pinzas negro y una camiseta blanca, perfectamente planchada y ajustada, y sus zapatos relucían a la luz de las velas, se sentia un poco ridiculo pero ella se lo habia pedido.

  Entraron en la sala y ella se dirigió al equipo de música, cambio a una melodía
casi imperceptible, algo muy, muy suave, se sentaron a comer y a charlar mientras picoteaban algo de lo que habian preparado, la luz de las velas se movia en los ojos de ella y el confundido no sabia si aquel brillo era de alegria, lujuria o crueldad.

  En un momento, ella se levantó lentamente, insinuante se acercó a él mientras continuaba la conversación, había colocado detrás de su silla un cestito con varias cosas que el no había visto, se puso frente a él abriéndole las piernas con sus rodillas y cogiendo sus manos las ató suavemente. Como si fuese lo mas normal mientras continuaba charlando lo instó a levantarse de la silla y lo llevó empujándolo lentamente hasta ponerlo a la altura del gancho que habían colocado dias antes en la pared, el creyó que era para un mueble, y en ese momento se dio cuenta que era para él, enganchó sus manos, y dándose la vuelta cogió una copa de vino.

  Mientras bebía despacio con la otra mano le fue soltando el cinturón, el pantalón y luego le bajó los calzoncillos hasta que cayeron a sus pies y con un movimiento rapido los apartó, se sentia ridiculo con los calcetines estirados y los zapatos brillantes medio desnudo, atado a la pared frente a ella.

  Ella notó como a él se le llenaba la mirada de algo entre miedo y deseo, sobre todo cuando vió como sacaba una tijera del cestito y comenzaba a cortarle la camiseta en circulos alrededor de sus pezones, seguidamente acercó su lengua y se los lamió notando como se endurecian, él que parecía un muñeco a su merced, intentó relajarse y dejarla hacer... pensó ¡lo he prometido! y abrió los ojos para contemplarla aun mejor.

  Ella encendió una lampara de sobremesa, lo miró despacio, su pene estaba grande y duro pero lo cubrió con el pañuelo de seda contemplando cómo se sostenía sobre aquel falo erguido y en un susurro ella comentó:

-" Si se cae el pañuelo lo vas a lamentar "

  El sintió miedo, no sabia que iba a ocurrir , pero no la conocia... la sentia diferente, muy segura de si misma.

  Ella se sentó a horcajadas en la silla y sacó del cestillo su bolsita de maquillaje, comenzó a maquillarse mientras escuchaba la respiración entrecortada de él, y
con cada pincelada le enviaba una mirada provocadora, se puso sombra negra en los ojos y en la boca una carmín azul turquesa, desabrochó su blusa un par de botones y rodeó sus pezones con un rojo fuerte, como de sangre, volvió a abrocharse dejando que las marcas de carmin señalaran a través de la tela aquellos pezones que el ansiaba, se puso dos gotas de perfume y varios collares de perlas de diferentes tamaños y colores y dejando que el pudiera contemplarla.

Continuará.....

Relato cedido por el Sr. Yhago


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