jueves, 23 de marzo de 2017

El Silbido I

Por fin había llegado el momento esperado. Unos nervios inusuales llevaban días apoderados de mi, anhelando ese justo instante en el que nuestras miradas se cruzaran. En mi interior percibía como cada uno de los pasos que iba dando me llevaban directamente a El.. Esa persona que cuatro años atrás se cruzo conmigo en la red ,de una forma fortuita, inesperada, morbosa y que mi curiosidad llevo a querer conocerle cada día un poco mas, creando una cadena que con el tiempo entendería su auténtico significado.

Mis manos frías en ese día soleado delataban mi inquietud mientras me dirigía con firmeza al lugar señalado. Decidida, felizmente alterada pensaba en cual seria su reacción al verme. Le gustaré, iré vestida adecuadamente, le sorprenderé para bien, le satisfeceré adecuadamente, le, le, le…mi torbellino mental había comenzado a ponerse en marcha, quería pararlo como fuera, pero sabía que tenia vida propia, que era imposible ponerlo en calma en aquel instante. Las calles estaban vacías, algo normal en una tarde de domingo del mes de agosto, sin embargo yo me sentía plena, tenia a mi mundo muy cerca de mi, nada mas me hacia falta. Tan solo unos pasos mas y llegaría a mi destino. Miré el reloj, aun quedaban unos minutos para la hora concertada. Comencé a caminar mas lentamente, mientras fumaba un cigarro sintiendo como ese tanga que llevaba debajo de mi vestido rozaba impúdicamente mi sexo. Una pícara sonrisa emergió en mi rostro, sabia que eso a EL le gustaría, que disfrutaba haciéndome y recordándome lo que era en cada momento.

 Nunca nos habíamos tocado y sin embargo nos conocíamos en profundidad, sabía sus gustos y sus deseos, sabía todo lo que tenia que saber, tan solo me quedaba una cosa que en breve sucedería. Al fondo vi la señal de Parking, baje despacio la rampa; al llegar al aparcamiento comencé a mirar a mi alrededor todos los coches que veía parados. Ninguno me parecía el suyo, probablemente aun no hubiera llegado pensé para mi ,cuando un silbido me despertó de mi despiste y me señaló hacia donde me debía dirigir.

Y entonces le vi, allí al fondo, delante de su coche gris, con una sonrisa pletórica, amigable; allí estaba El… mi Amo. Aceleré mi paso, atraída como por un imán, exultante de alegría mientras sentía ya como sus brazos rodeaban mi cuerpo y nuestros labios se unieron en un beso largo, apasionado, húmedo lleno de sentimientos y de deseo.

Me invitó a subir a su coche, debía guiarle a esa habitación de hotel donde no sabia con certeza que sucedería, una gran incógnita que poseía mi pensamiento desde hacía días. Mientras arrancaba noté su mano deslizarse directamente entre mis piernas, llegando por completo a mi sexo. Me estremecí, un intenso escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Le miré, su sonrisa delataba su pensamiento, mi Amo empezaba a hacer uso de mi, quería tocar lo que le pertenecía, un pequeño reconocimiento de su perra, de su esclava. Dispuso que El subiría primero a la habitación y me haría una llamada por el móvil diciéndome en que habitación nos reencontraríamos. Minutos eternos de espera que concluyeron cuando escuché una llamada , su voz y  un numero 557.

Rápida y obediente me acerqué al ascensor que me llevaría a esa quinta planta donde por unas horas estaríamos juntos.  Toqué  la puerta con decisión, y allí apareció de nuevo El , con una sonrisa cómplice, amplia, que me invitaba de nuevo a  estrecharme contra su cuerpo. Nos fundimos en un beso ardiente mientras me quitaba mi vestido y mi ropa interior, dejándola caer al suelo.. No me dio tiempo a reaccionar cuando notando mi cuerpo desnudo, se apartó un poco de mí y me dijo, de rodillas perra. Arrodillada delante de El, me recordó que ese era mi lugar mientras sacaba su polla delante de mi boca ordenándome que se la mamara. La introdujo en mi boca y comencé a chupársela, despacio, lamiendo con mi lengua , cada vez mas profundamente mientras escuchaba como decía hazlo bien zorra por la cuenta que te tiene. Conocía sobradamente el significado de esas palabras, debía complacerle, debía dejarle satisfecho, si no sería castigada; al fin y al cabo así había sido adiestrada, como una perra de uso y castigo, como lo que era para El. Me ordenó parar mientras veía como empezaba a sacar cosas de su bolsa. Me puso un collar que apretaba ligeramente mi cuello, unas correas en mis muñecas y en mis tobillos ajustadas meticulosamente. Allí delante de El, arrodillada ante mi Amo con mis manos atadas a la espalda, buscaba su mirada con mis ojos; era mi forma de hablarle, aunque un pañuelo negro impediría desde ese momento que pudiera volver a verle. Mi cuerpo temblaba, mis sentidos se habían agudizado , buscaba saber el significado y la intención de cada uno de sus movimientos. ¿Ves algo perra?  Me dijo con su voz tranquila mientras comprobaba que estuviera en total oscuridad. Volví a notar que se alejaba de mi, que se acercaba a esa misteriosa bolsa  y un sonido sobrecogió mi cuerpo. El sonido de una fusta que golpeaba el vacío, que jugaba a mi alrededor, que provocó que cada poro de mi piel se pusiera en alerta mientras sentía mi cuerpo desnudo sudar de una forma inhabitual. Estaba poseída, fuera de  mi, había soñado mil veces escuchar esa fusta., iba a ser azotada por primera vez, el miedo y el deseo estaban apoderándose de mi. De nuevo, escuche su voz, entre burlona y seria,  que me decía si conocía que era lo que tenia entre sus manos a lo que asentí con la cabeza. Estaba jugando conmigo, con mi miedo, con mi deseo mientras la fusta recorría mi cuerpo acariciándome por momentos. Acerco sus manos a mi cabeza quitándome la venda, allí estaba de nuevo El, con su sonrisa maliciosa, lasciva, dominante y calculador , creando el ambiente adecuado de tensión hacia la perra que tenia a sus pies. Jugaba con la fusta, me la mostraba delante de mis ojos intensificando mi deseo y mi temor, mis luces y mis sombras. Abrió mi boca y puso la fusta entre mis dientes para que la sujetara mientras El se acercaba a la bolsa del misterio, sacando una mordaza. Por un instante me visualice ofreciendo a mi Amo esa fusta con la que me iba a azotar y la apreté mas para que no se me cayera, intentando mantenerme firme. La retiró de mi boca, cambiándola por esa mordaza que ahogaría mis gritos. El primer azote sobre mi culo fue seco y certero haciendo que mi cuerpo se turbara. A ese siguieron muchos mas, a veces en intervalos cortos, otros de forma sucesiva, rítmica, constante que me dolían cada vez mas y mas. Unas lágrimas rodaron por mis mejillas mientras apretaba con fuerza la bola de la mordaza. No sabia cuando acabaría aquel dolor, era su perra de uso y castigo y estaba en sus manos. Notabasu mirada  clavada sobre mi, sobre mi cara desencajada, sobre mi cuerpo desnudo y dolorido del que estaba haciendo uso a su voluntad. Y su voluntad era la mía.

Continuará....

 Relato cedido por Niki.Karu

1 comentario:

Anónimo dijo...

Recordar es volver a vivir dicen...mmmmm