martes, 7 de marzo de 2017

Cartas perdidas I



 Vlad a Mina


"Bienvenido a mi morada. Entre con libertad y por su propia voluntad... váyase a salvo, y deje algo de la alegría que trae consigo". Conde Drácula (Bram Stoker)


He surcado hasta el más
he recorrido cada continente,
visto cada ciudad.
Siglos llevo entre el hombre,
tras el último caer me verás.

Por la nieve y por el fango,
en la luz, la oscuridad,
he buscado a Elisabeta
la he tratado de olvidar.

Y ahora llegas, dulce niña,
ingenua y primaveralperdido mar,
¿serás tú mi Elisabeta?,
¿seré entonces tu guardián?.

Sólo sé que ya mi puerta
nunca cesa de sonar,
que me esperas, indefensa,
que no te vas a marchar.

Los vestigios de una herida
me disuaden de tomar
tus esencias, sin clemencia,
como tomo lo demás;

pero tienes tanto de ella
que me vuelve a recordar:
¿Serás tú mi Elisabeta?
¿seré entonces tu guardián?.

Y golpeas con más fuerza,
intentando derrumbar
una puerta que te guarda
del mismísimo Satán,
deste ser tan indolente
que devora sin piedad.

Y me tientas, no lo dudes,
tanto como al hombre el mal;
tiene ya el corazón ritmo,
su latido es tu llamar.
Mas si abro, dulce niña,
las tinieblas te atarán,
entrarás en la guarida
del dolor y la verdad,
que es condena y es virtud
y vergüenza y dignidad.
Entra libre, si te atreves,
y ya nunca escaparás.

¿Eso, niña, es lo que quieres?,
¿entregar tu vida al mal?.
¿Al que admira tu figura
y a la vez te hace llorar?
¿que no ves que esto es locura,
que tu vida extinguirás,
que es mi embrujo el que te ata
y contigo acabará?

Vete, niña, pues ya abro,
vete o déjame gozar.
Vete, niña, vete a salvo,
vete o te arrepentirás.


Versos cedidos por Robespierre

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