sábado, 18 de febrero de 2017

TU

Tú estabas allí, hacía mucho que esperaba este momento. La chimenea iluminaba la estancia, parpadeando, dejando entrever tu cuerpo apenas vestido. Yo intuí tu silueta, y una mezcla de frío y calor recorrió mi cuerpo. Se aceleró mi corazón y mi olfato se agudizó como si fuese un depredador que buscase a su presa. Tu olor llegaba a mí, tu olor a hembra deseosa. No lo pude evitar, mi piel te sentía. Mi miembro me guiaba el único camino, estaba hinchado de repente, indicándome lo que tenía que hacer.

Me acerqué a ti, mis ojos brillantes del deseo. Sólo deseaba poseerte. Pero no tenía prisa, sabía que eras mía. Observé tu cuerpo que palpitaba, estabas inmóvil, pero tu cuerpo lo decía todo, tus pezones duros buscaban liberarse de aquel precioso sujetador de encaje que los envolvía. Tu piel erizada, tus hormonas inundando de esencia la estancia. Mi deseo era infinito, seguí mirándote, ahora por detrás. Mirando tus nalgas rebosando el tanga negro que las dejaba perfectamente marcadas. Retiré un poco tu pelo y puse mi boca en tu cuello, desde atrás. Te lo besé y te lo mordí. Agarré tu culo con fuerza, con muchas ganas, no pude evitar darte unos cachetes antes de dejártelo al aire.
Tu seguías de pie, yo detrás, rozando mi paquete en tu carne suave y desnuda. Mis manos por fin liberaron a tus pechos, que en un instante quedaron libres. Te los apreté, juntándotelos, te pellizqué levemente los pezones hasta ponerlos como piedras.

Luego mis manos bajaron por tu vientre, marcando tu silueta, Llegaron a tu sexo y si empaparon de él. Ya no podía más, te agaché, apoyada con tus brazos en una repisa y tu culo expuesto a mí. Acerqué mi miembro duro y lo metí entre tus muslos. Lo mojé con tus jugos, lo restregué con tu clítoris y con tus labios. Lo pasaba adelante y atrás hasta que entró.

Entró en ti de golpe, un placer inmenso me recorrió. Y empecé a agitarme. Cada vez más fuerte, me volvía loco es vaivén. Cada vez entraba con más fuerza, mis manos sujetando tu cintura, agarrando tus pezones, tirando de ellos, y volviendo a coger tu cintura. Era un frenesí que sólo tenía un final. Derramé mi néctar dentro de ti y mi espalda se arqueó de placer. Todo mi cuerpo era un orgasmo. Estábamos fundidos en un sólo cuerpo.

Caí sobre tu espalda, rendido, y nos echamos frente al calor de la chimenea. Abrazados, unidos, oliendo nuestro deseo………



Relato de Pedro Cordoba

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