miércoles, 14 de mayo de 2014

raquel del LXXI al LXXV


LXXI

Cuando tú me encontraste, no miraba,
no hablaba, sólo obedecía.
Era mala persona.
No abría mis sentimientos a nadie.
Temía que me hicieran daño
y así me dejaba llevar.
Ahora siento que soy diferente.
Dímelo tú, señor. ¿Soy diferente?


LXXII

Has sacado de mí
lo que nadie había visto,
lo que yo misma pensaba que no existía.


LXXIII

Tengo tus palabras pintando
sonrisas en mi cara.
Me veo guapa.
Iré al examen confiada,
pensando en ti. Y el resto
del día lo emplearé en hacerte disfrutar.
Pensaré en lo que has dicho que me harás
y esperaré la noche
para seguir siendo la perra de tu cuento.


LXXIV

Tienes razón.
No puedo elegir ser tu perra o no.
Ya lo soy.
A veces, cuando no puedes hablar
y te espero unos días,
me vuelve la inseguridad,
temo que te haya vuelto la cordura
y hayas tirado la toalla;
a veces, pienso más, que seré yo
la que no pueda más, la que se rinda
a la cruda evidencia.
Pero pase lo que pase, siempre
seré tu perra.
Siempre seré la luna de Aklan.


LXXV

No, por favor, prefiero
no comer nada ahora.
Estoy nerviosa.
¿Me dejas que te llame?


Aklan.

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