miércoles, 12 de febrero de 2014

Todo el día llovió.

Todo el día llovió,
toda la noche lloviendo;
quiero estar donde tu estés,
llamar al encantamiento.
Que silbe el viento
que quiero entender
en su voz
llamadas divinas
desde el sol.

Alas en vez de corazones
que el espíritu nos eleve
a las nubes.
Dejar de sufrir;
no ser tierno ni cruel
ni decrépito
en mi esencia de ser.
No volver a camino abierto.
No admitir que me marquen.
Si empleo la fuerza de mi corazón
y gasto mi espíritu para soñar.
Que me puedan mentir
o decirme lo que es mejor.
Que yo sepa negarme a su juego.

Barre el viento lo que es incierto y es
la vida lo peor del desierto que es la
propia vida.
No volver ni aún en ángel.
Rechinar, fiero el ceño.
Retumbar, siempre que haga falta,
en las puertas del infierno.
Me niego a creer lo que dicen;
no quiero tomar lo que ofrecen.
(El último de la fila).

No hay comentarios: