sábado, 23 de noviembre de 2013

Los placeres ocultos de mi cuerpo I.

Resumen:Toda historia comienza con un instante en el que tu mundo pierde su sentido. Esta es la historia de como una niña, inocente y bien educada, descubre de la forma mas humillante posible lo que significa ser dominada. 


Toda historia comienza con un momento de claridad. Un instante en el que todo tu mundo pierde su sentido, un cambio de paradigma.

Es curioso como vivimos el día a día sin cuestionarnos el porque de cada acción que tomamos. 

Se podría decir que vivimos porque no tenemos otra opción, o al menos eso pensaba yo antes de que mi mundo se derrumbara.

Desde pequeña siempre fui una niña muy educada, siempre obedeciendo, siempre haciendo lo correcto o al menos lo que nuestra sociedad ve así.

Mi paso por el colegio fue silencioso, ya que la mayor parte de mi tiempo libre lo dedicaba estudiando y esa era mi prioridad. Cosas como salir una noche y liarme con algún tio ni siquiera se me pasaban por la cabeza.

La verdad es que era una niña con las ideas muy claras, la hija que todo padre querría tener.
Pero aunque en mi mente lo tenia todo bien planeado, mi cuerpo parecía querer ir por otro camino completamente diferente.

Crecer es inevitable y siempre es difícil adaptarse a los cambios. Pero en mi caso fue mucho peor de lo que os podríais imaginar. 

De un día a otro pase de tener el cuerpo de una niña y poder pasar fácilmente desapercibida entre la multitud, a despertarme vistiendo las curvas de una mujer y atraer la mirada de cada hombre que se cruzaba en mi camino, sin importar la edad.

Y no solo la mirada de los hombres, también las mujeres se fijaban en mi, algunas midiendo cada centímetro de mi figura probablemente por envidia, otras con deseos que yo aun no alcanzaba a comprender a esa edad.

La naturaleza se había portado muy bien conmigo concediéndome una figura delicada recubierta en una piel de color canela y un pecho firme y exuberante difícil de ocultar. Y aunque no me creáis, en aquella época esa era mi mayor preocupación, como ocultar esos dos grandes regalos.

Para mi, captar toda esa atención no era mas que otra distracción de mis estudios, algo que una chica como yo no se podía permitir. Así que inevitablemente mi vestuario se vio drásticamente reducido. Los escotes estaban totalmente descartados, así como la ropa ajustada o las faldas excesivamente cortas.

Gracias a esto conseguí poder seguir pasando desapercibida en clase, concentrarme en mis responsabilidades y tras mucho esfuerzo y horas de estudio logre sacar nota suficiente para poder entrar en la facultad de derecho.

Sobra decir que no tuve ningún novio en el instituto y mis experiencias con el sexo habían sido si no escasas, nulas. 
Todo aquello se veía, debido a la educación que había recibido, como algo que una chica de bien y responsable como yo no debería andar haciendo.

Mi primer año de universidad fue liberador en cierto sentido. 

La facultad en la que me habían admitido estaba en otra comunidad, de ese modo mis padres no tuvieron otra opción que dejar que me fuera a un piso de estudiantes junto con otras tres chicas y darme mas libertad. Sin duda ellos confiaban en que su dulce hijita no haría nada malo, y mucho menos que se llegara a comportar como una puta. 

Y de hecho así fue, al menos durante mis primeros años en la universidad.

Durante mis primeros años seguí la rutina que tan bien había aprendido. Atender en clase, centrarme en mi trabajo e intentar pasar desapercibida. Sin duda mis padres hubieran estados orgullosos de mi durante ese tiempo.

No obstante, algo si que había cambiado en mi, quizá por la libertad de saber que estas en otra ciudad y que realmente no hay nadie a quien darle explicaciones por nada.

De vez en cuando, en clase, notaba la mirada furtiva de alguno de mis compañeros. Pero a diferencia de mi etapa en el instituto, en la que este tipo de situaciones me resultaban incomodas, esta vez estaba empezando a sentir algo completamente diferente.

Sentirme observada y medida, el simple pensamiento de saber que a 3 bancas de donde yo me sentaba, en mitad de la clase, un chico estaba fantaseando con mi cuerpo, perdiendo su mirada a lo largo de mis piernas, preguntándose que se esconde debajo.

Mentiría si dijera que no me resultaba divertido y en algunas ocasiones no podía evitar llegar a excitarme cuando pillaba a algún chico con su mirada fija en mis senos, cuya silueta me resultaba imposible de ocultar debido a su tamaño.

La idea de ser utilizada por alguno de esos chicos y dejar que cumplieran todo lo que se habían estado imaginando cada vez que se embobaban mirando mi dulce cuerpo había empezado a dar vueltas por mi cabeza.

Por supuesto esto era solo una fantasía mas para mi, al menos eso es lo que me decía a mi mismo para convencerme de que seguía siendo una buena niña.

Yo seguía siendo una chica integra, mi forma de vestir no había cambiado en nada. Nunca llevaba escote ni ropa atrevida, no buscaba de ningún modo las miradas de los chicos (aunque fuera inevitable encontrarlas).
Pero era obvio que dentro de mi, algo se estaba despertando, aunque no fuera consciente aun de lo que ese despertar supondría.

Ahora, mirando atrás, me doy cuenta que ese algo quizá siempre estuvo ahí a lo largo de toda mi vida y que hasta entonces había estado ignorando esa parte de mi.

Pero no fue hasta mi ultimo año de carrera que todo cambio realmente y esa realidad se hizo patente. Ese año mi mundo se quebraría en mil pedazos y aprendería de la manera mas humillante lo que mi cuerpo me había estado intentando decir a gritos y yo había intentado negar.



Continuara...



DevilishBoy.

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