lunes, 30 de septiembre de 2013

Relato II por Jeysa.


Esa noche a mi amo le apetecía una velada tranquila en compañía de una pareja que conocimos hace poco, son agradables, y aunque a mi me apetecía algo más de marcha, eso no importaba. La noche transcurría de forma muy apacible, demasiado. De repente suena el teléfono de mi amo, se levanta y se marcha de la sala, vuelve a los pocos segundos y dice que tiene que salir un momento.

- Os dejo mi perrita a vuestro cargo, si no se porta bien, me avisas.

El chico de la otra pareja, que hasta ese momento, se había comportado de forma educada, casi rozando la timidez, se levanta, se acerca a mí y me coge por la muñeca, cosa que me sorprendió un poco y dijo.

- Ahora te vas a enterar...

Ahora si estoy sorprendida, tiró de mí y me puso de rodillas, estaba un poco asustada, no esperaba esa reacción. A cuatro patas sobre la alfombra, su mano izquierda, en mi cuello por detrás y con la derecha me agarraba la mandíbula, su mujer permanecía impasible en el sofá. No sabía como reaccionar, ¿por qué hacía esto a espaldas de mi amo? ¿eso me gustaba? ¿o me repugnaba? quería escapar, pero no podía, ¿o no quería?

- ¿Te gusta mi mujer?
- Sí, respondí.
- Sí, Amo, puta. - Fue su respuesta.- Saca la lengua.

Y con su mano derecha sin soltar mi mandíbula, me obligó a que la paseara por las piernas de su mujer, partiendo que las correas de unos bonitos zapatos, hacia arriba. Solo me permitía meter la lengua en mi boca para humedecerla, ya que fueron sus órdenes: 

- Que no quede un milímetro de piel que no lamas.

Del bolso de ella sacó un pañuelo negro, muy suave y me lo ató alrededor de los ojos, no podía ver nada. Me gustaba, no dejo de reconocerlo, pero no podía disfrutarlo, el hecho de saber que mi amo no sabía nada de esto, no me dejaba relajarme y gozar. El seguía indicándome el camino, y ya habíamos pasado las rodillas, ella se deslizó por el sofá, apoyando sus riñones en el asiento, y la parte alta de la espalda en el respaldo, no dejaba de mirarme, unos ojos que delataban ansiedad, deseo, curiosidad, morbo y deseo. La parte interior unos muslos firmes, blancos y dulces. Miraba su entrepierna, una bonita braguita casi transparente, dejaba entrever un coñito recién depilado, el deseo empezaba a desviarme y a olvidar la situación en la que me encontraba 

A punto de alcanzar mi destino, el timbre de la puerta me sobresalta, él se levanta y va hacia la puerta, es tarde, ¿quién puede ser ahora? por instinto, intento levantarme, pero las manos de ella, cogen mi cara y sus muslos se han cerrado alrededor de mi espalda, apretándome contra ella, de modo que mi boca tropieza con su coño. Estoy atrapada. Escucho la puerta, ¿no pensará abrir? estoy cada vez mas asustada y a la vez, excitada

- Pasa vecino, ¿que quieres? ¿un poco de sal? claro, pasa, mira, lo que tenemos aquí.¿Te gusta la escena? ven siéntate aquí y disfruta, esta es mi mujer y ella es un perrita que nos han dejado para que la cuidemos, ¿te gusta?, ven siéntate, puedes tocarla...

Se sentaron en el sofá contiguo, paralelos a nosotras, yo seguí entre las ganas de comerme ese coño, el miedo por lo que pudiera pensar mi Amo, el rubor por el visitante, y el morbo que no dejaba de mojarme.

-Puedes tocarla, ven, mira que buen culo tiene, y notaba como levantaban mi falda.

Ahora eran cuatro manos, las que me manoseaban, ¿dónde estas mi Amo? ¿Qué hago? 

- ¿Te gusta su culo? ¿Te gustaría follartelo? Claro que puedes, esta perra hace todo lo que se le dice, vamos hazlo, fóllate a esta puta y si te apetece, se la metes por el culo, a ella le gusta que le peten el culo.

No podía creer lo que estaba escuchando, ¿qué pensaría mi Amo si entrara por la puerta?, son tantas las emociones que se agolpan que no puedo con todas a la vez, aun estaba pensándolo, cuando noté como me penetraba, mientras el me hablaba al oído toda clase de insultos, bordes y me hablaba con el lenguaje típico de un chulo de putas callejero. Las embestidas era cada vez más fuerte, y a cada golpe, más me acercaba al coño de su mujer, que ya estaba húmedo y empezaba a correrse en mi boca, umm, placentero pese a todo.

- ¿Quieres correrte? espera, sal. Ven aquí puta, ponte de rodillas, que mi amigo va a correrse y quiero ver como te corre la leche por esa cara de zorra.

Dicho y hecho, me puso de rodillas, me agarró por la mandíbula, y me ordenó que sacará la lengua, al instante algo caliente, espeso y viscoso, cayó en mitad de mi lengua, dentro de mi boca, sobre mis mejillas, y empezaba a resbalar por mi cuello. Quería llorar por el miedo, reír de placer, correrme del gusto, y del miedo al pensar en mi Amo, no quería esto sin él, pero me excitaba esa sensación de lo prohibido.

El tiró de mi cara y me dice al oído.

- Ahora cuando venga tu Amo, ni una palabra de esto o no te imaginas lo que te puede pasar.

No pude más que asentir con la cabeza.

- Ahora, mira hacia arriba y deja que te vea, que cara de puta tienes toda llena de leche.

De repente, de un fuerte tirón, me sacó el pañuelo de mis ojos, miré hacia arriba y estaba él, mi Amo, era él, el falso vecino, Dios, que alegría, mi Amo, te adoro. Me abracé a sus rodillas y el me acaricio la cabeza. Por fin estás aquí Amo mió. Miré al falso amo que estaba sentado en el sofá, alargué una mano para que me la tocara, no sabía si darle las gracias o abofetearlo, pero me había gustado, su mirada era una mezcla entre picardía y deseo. Dirigí la mirada a mi amo.

 - ¿Puedo Amo?

- Sí, perrita puedes. Respondió mi amo. 

Y entonces...

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