viernes, 23 de agosto de 2013

El camino hacia ti.


La soledad me envolvía en esta etapa que mi vida que estaba recorriendo, el sueño o la ilusión que rondaban mi mente y que esperaba. Era el momento en el que tú, asomaras en mi vida, para llenarla por completo, haciéndola vibrar con la fuerza de tu entrega, con la ternura e inspiración con la que juntos viajaremos por la senda que recorro. Mientras los días y horas transcurren, deseando a modo de una suave brisa de aire cuando acaricia los pétalos de una rosa, transcurra nuestro encuentro. Mi reflexión me acercaba a ti, percibiendo que lentamente se avecinaba el momento, nuestros caminos de la vida entrelazarían. Nuestro  destino fijado y  señalado en el firmamento.

La espera en cierto modo transcurre lentamente, ambos percibiendo nuestro trance, aprovechando tal circunstancia para emprender unidos el nuevo paseo por la vereda de nuestro destino. Teniendo ambos la energía, alegría y fuerza del otro, envolviéndonos en nuestro interior. Nuestro henchimiento con el preámbulo de tu entrega y la apertura de mi corazón, para recibir tal ofrenda desencadenante del regocijo de ambos.

Las olas del mar destellando en tus ojos, como el brillo de tus ojos el cual asemejándose al del astro rey, alumbrando nuestro nuevo proyecto. Dicha iluminación creciendo al paso del tiempo, debido a la plenitud experimentada con la entrega y aceptación de ambos anhelos, originando el vibrar y temblar de tu cuerpo, surgiendo un ser formado por dos.

Sentada en el suelo expectante de mis caricias o de mis castigos, tus labios sonriendo plácidamente, de igual forma el brillo de tus ojos aumentando con la caricia mi aliento. Recorriendo tu cuerpo, desde tus ojos pasando por tus labios, acercándose poco a poco hasta tus pechos, llegando hasta los rincones más inhóspitos a través de tu suave, tersa y resbaladiza piel. La humedad asomando por los poros de su piel, debido al sudor y a las  gotas de lluvia deslizándose, originado en tu larga melena, para después recorrer todos los rincones de tu resplandeciente belleza. Extinguiendo la ansiedad por los dos, experimentada en el instante que nuestras miradas se cruzaron. Convertido en el guía que abriendo paso para que tus largas y perfectas piernas, las cuales posándose en el camino abierto solamente para tu entrega ocasionando en mí un deleite indescriptible, entrelazados transformándonos en un solo caudal que nos llevaría al río, siguiendo su recorrido hasta un mar completamente azulado. 


El firmamento azulado destacando su transparencia, sobre la verde hierba de la pradera, destacando la excelencia de tu cuerpo, casi desnudo y tumbado plácidamente. Mi mirada observando el esplendor de tu cuerpo, tu aroma impregnándose en el mío, reteniéndote  al alcance de mis manos, asomando en ti el deseo de ser poseída con desenfreno, ansia y goce de para mi disfrute. Mis manos situadas, para acariciar o castigar, la exquisitez de ese talle, dispuesto a mis deseos, originando un éxtasis tan profundo ocasionando ese vínculo especial entre nosotros.

Le besé y el brillo de sus ojos se realzó, ampliando su sonrisa, acoplando ambos cuerpos observando su  enervación, escuchando sus cada vez más agitados gemidos. Evidenciando un  inmenso placer manifestado en forma de suspiros, únicos sonidos o ecos percibidos en  la verde pradera, apagando el piar de los pájaros, el recorrido del agua entre las hierbas, incluso la suave brizna de aire que acariciando nuestros cuerpos soplaba, con sus gemidos de placer. Un pétalo de rosa acariciando sus partes más receptivas, ocasionaba en su abierto corazón, causando estremecimientos, semejantes a los ocasionados por un volcán de placer emitidos por su interior más escondido, originados por el motor de su cuerpo.

El placer más sublime, brotaba de manera visible siendo contemplado por mi mirada tan fijada en su hermosura, deseando no perder las sensaciones ocasionadas en el más íntimo rincón, escondida en semejante belleza interiormente. Mis manos posadas en su piel, acariciando lentamente sintiendo su erizamiento a su paso, su respiración se agitaba, sus pechos se movían al ritmo de su jadeo, los dedos pellizcando sus pezones, siendo balanceados y oscilados en forma del péndulo de un reloj. Retorcidos  y  causando cierto dolor, que se plasmaba brotando como gemidos de placer de sus bellos y carnosos labios.

Mi lengua y mis labios recorriendo a la misma vez que mis dientes mordían desde su fruncida frente, originando sin poder evitar el escalofrío placentero  su  cuerpo. Bajando por los surcos que abrían las gotas de humedad que en su piel asomaban, marcando el camino a sus dulces labios que aprisionaba mi boca. Mordisqueando sus labios,  mi lengua en el interior de su boca, entrelazándose ambas estallando y originado el encendido, hacia el goce infinito estallando con el efecto del placer de ambos. Saciada la sed de sus labios descendiendo lentamente por los surcos de su hermosa piel mientras se agitaba cada vez más ostentosamente.

Alcanzando dos pequeñas colinas que formaban sus pechos, rematados por sus pezones realzados en forma de duros picos, lamiéndolos entrelazando con pequeñas dentelladas, causan en su cuerpo movimientos visiblemente ostentosos a esas alturas. Continuo las vías que tu cuerpo marca, mis besos descienden con lentitud exasperada, de forma que las sensaciones que ocasionadas en ti son tan diversas como inenarrables, con pequeños mordiscos causando el enrojecimiento de tu piel, debido al paso mis labios.


Reanudando la ruta suavemente hasta la cueva húmeda de tu sexo, adornada en su parte superior por el clítoris, asomando entre los labios la humedad producida por todos los placeres formados en tu interior, en la parte que a modo de motor producía todo tu sentir. Unidos y entrelazados ambos cuerpos, introduciendo mi miembro en tu sexo abierta a modo de gruta, para que la explosión del deleite culmine en nosotros, llenando el espacio de suspiros y gemidos que emitidos desde nuestro goce. Sintiendo la culminación de la ansiada entrega obtenida por tu parte mientras mis brazos rodeándote con suma ternura y cariño. Acepto tu entrega en la misma forma que te abandonas, iniciando el camino que ambos tanto ansiamos. 

Sr_Iriondo.

1 comentario:

descalzaydesobediente dijo...

Me has sorprendido gratamente, caballero.
Besis