domingo, 3 de febrero de 2013

Marqués de Sade.




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"Mi manera de pensar es el fruto de mis reflexiones; está en relación con mi existencia, con mi organización. No tengo el poder de cambiarla; y aunque lo tuviera no lo haría. Esta manera de pensar que censuráis es el único consuelo de mi vida; me alivia de todas las penas en la cárcel, constituye todos mis placeres en el mundo, y me importa más que la vida. La causa de mi desgracia no es mi manera de pensar sino la manera de pensar de los otros"







¡El honor! ¡Cómo es posible que otra persona pueda disponer de nuestro honor! ¿No será acaso esto del honor un medio que los hombres hayan empleado para encadenar a las mujeres más fuertemente a ellos?

Y lo que terminará por deteriorar aún más el sentimiento de la virtud es que no solamente no es un primer movimiento, natural, sino que es, por definición, un movimiento vil e interesado que parece decir: te doy para que me des.

Marquis de Sade: Justine : foto Jesus Franco, Romina Power
 Habrá que demostrar que la virtud no es el sentimiento habitual del hombre, que sólo es el sacrificio forzado, que la obligación de vivir en sociedad le obliga a tener en cuenta consideraciones cuya observancia podrá hacer refluir sobre él una dosis de felicidad que contrabalanceará las privaciones.

 Reflexionando veo, pues, que se honra con el nombre de virtud todas las diferentes formas de ser de una criatura mediante las cuales esta criatura, haciendo abstracción de sus placeres o de sus intereses, actúa para la felicidad de la sociedad; de donde resulta que, para ser virtuoso, debo olvidar todo lo que me pertenece para no ocuparme más que de lo que interesa a otros, y esto respecto a otros seres que, ciertamente, no harán otro tanto por mi.

El público, que no tiene tiempo de estudiar profundamente a las personas, juzga siempre por las apariencias. Y no es difícil lograr que éstas os favorezcan. Satisfaced, pues, a la gente, a fin de que os ayuden cuando lo necesitéis.

Cuanto más culto es un individuo, más capaz es de romper todos los frenos, por lo que el hombre culto es más propenso que el inculto a los placeres del libertinaje.

 Resulta tan ridículo decir que la castidad es una virtud como afirmar que lo sería privarse de comer.


Marquis de Sade: Justine : foto Jesus Franco, Romina Power
 
 
 
 
 
 
Solamente de nosostros depende nuestra felicidad; ésta no depende sino de nuestra conciencia, y puede ser que un poco de nuestras opiniones, sobre las cuales sólo deben actuar las más seguras inspiraciones de la conciencia.

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